Las gafas inteligentes de Meta se han convertido en un motivo de fuerte alarma para diversas organizaciones que defienden la seguridad femenina en los transportes subterráneos de Londres. El problema principal radica en que este accesorio tecnológico permite grabar videos de manera totalmente disimulada, sin llamar la atención de los pasajeros que viajan alrededor.
A diferencia de un teléfono móvil, donde la postura al sostenerlo evidencia la grabación, el diseño de estas gafas oculta su función real. Esto facilita la captura clandestina de imágenes y material íntimo sin el consentimiento de las personas afectadas, un delito que vulnera gravemente la privacidad en espacios reducidos y concurridos como los vagones y andenes del metro.
Los colectivos sociales denuncian que esta herramienta tecnológica despoja a las ciudadanas de su anonimato cotidiano y agrava el temor al acoso durante sus trayectos diarios. Aunque el fabricante asegura que el dispositivo incluye una pequeña luz LED para advertir cuando está activo, los críticos señalan que resulta muy fácil cubrirla, ignorarla o pasarla por alto en medio de las multitudes.
Esta situación deja la responsabilidad de frenar el abuso en manos de las propias víctimas o testigos, quienes deben arriesgarse a confrontar a un desconocido. Ante este escenario, varias plataformas civiles exigen prohibiciones o controles más estrictos sobre la venta y el uso de accesorios con cámaras ocultas, mientras los operadores de transporte evalúan medidas de protección adicionales.




