Escocia se convirtió en el primer territorio del Reino Unido en autorizar la cremación por agua. De este modo, se abre una nueva alternativa al entierro tradicional y a la cremación con llama.
La medida actualiza un marco legal que llevaba más de un siglo sin cambios profundos. Además, introduce una opción con menor impacto ambiental.
En qué consiste el método
La técnica se conoce como hidrólisis alcalina. El cuerpo se coloca en una cámara presurizada con agua y una solución alcalina.
Luego se aplica calor, alrededor de 150 grados centígrados, durante unos 90 minutos. Así, el proceso acelera la descomposición natural de los tejidos.
Al finalizar, solo permanecen los huesos. Estos se secan y se reducen a polvo, con un resultado similar a las cenizas tradicionales.
A diferencia de la cremación convencional, no hay llama ni combustión directa. Por tanto, se reducen las emisiones contaminantes.
Impacto ambiental y datos clave
Una cremación tradicional genera cerca de 320 kilos de dióxido de carbono. En cambio, la hidrólisis alcalina puede emitir hasta siete veces menos CO₂.
La reducción se debe a que no se quema gas natural. Asimismo, se limita la liberación de ciertos compuestos a la atmósfera.
No obstante, el sistema requiere energía para calentar el agua. También necesita tratamiento del líquido resultante. Aun así, el balance ambiental es más favorable.
Cambios legales y próximos pasos
Las autoridades sanitarias indicaron que el método tendrá los mismos controles que otras prácticas funerarias. Por ello, deberá cumplir normas urbanísticas y sanitarias estrictas.
Aunque la ley ya está aprobada, la infraestructura aún no está instalada. Se espera que los primeros equipos comiencen a operar en los próximos meses.
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