El gobierno del Reino Unido presentó su Plan de Inversión en Defensa para los próximos cuatro años, que contempla un gasto histórico de 298 mil millones de libras (cerca de 350 mil millones de dólares) con el fin de modernizar sus fuerzas armadas ante las tensiones en Europa. Esta estrategia marca un cambio hacia la tecnología digital y la autonomía militar, dejando atrás modelos tradicionales de la Guerra Fría.
El presupuesto prioriza la inteligencia artificial y los sistemas modernos. Se financiará el Proyecto Asgard, una red digital que conecta datos de inteligencia con armas en el frente, y se acelerará el uso de drones autónomos terrestres, marítimos y de ataque. En el mar, la Armada comenzará a reemplazar seis destructores antiguos por buques más pequeños y autónomos, y sumará aviones no tripulados para operar junto a los cazas F-35 tradicionales.
Por tierra, el ejército renovará sus tanques Challenger 3 y mejorará sus proyectiles de largo alcance. En el aire, se destinará una inversión clave para desarrollar el avión de combate de sexta generación junto a Italia y Japón, además de adquirir nuevos cazas F-35A para integrarse a misiones estratégicas de la OTAN.
Un punto crítico es la reposición de municiones, con una asignación multimillonaria para reabastecer arsenales, buscando la capacidad de operar hasta siete mil misiles de largo alcance. Asimismo, se blindarán sectores clave con fondos destinados a la ciberdefensa, protección de redes espaciales e infraestructura submarina.
Con este despliegue, el país elevará su gasto en defensa al 2.7% de su Producto Interno Bruto para finales del 2030, con la meta de alcanzar el 3.5% en el año 2035, consolidando su postura militar frente a los desafíos globales.
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