A partir del 1 de agosto, el Reino Unido se convertirá en el primer país del mundo en ofrecer una vacuna contra la gonorrea como parte de su sistema sanitario público. La medida busca frenar el aumento de casos y hacer frente a la creciente resistencia de la bacteria Neisseria gonorrhoeae a los antibióticos.
La vacuna utilizada será la 4CMenB, actualmente incluida en el calendario infantil para prevenir la meningitis B. Investigaciones recientes han demostrado que este biológico también puede ofrecer una protección parcial frente a la gonorrea, con una eficacia estimada entre el 32,7 % y el 42 %.
El programa estará dirigido inicialmente a personas con mayor riesgo de infección, que serán contactadas a través de los servicios de salud sexual del NHS (Servicio Nacional de Salud). En la misma cita se ofrecerán vacunas adicionales contra el virus del papiloma humano (VPH), la hepatitis A y B, y la viruela del mono, como parte de una estrategia integral de salud sexual.
En 2023, Inglaterra registró más de 85.000 casos de gonorrea, la cifra más alta desde 1918. En paralelo, se han detectado 17 casos de resistencia a la ceftriaxona —el principal antibiótico utilizado actualmente— y nueve casos de resistencia extrema, según datos de la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA).
La doctora Amanda Doyle, directora nacional de Atención Primaria del NHS, afirmó que la vacunación «ayudará a reducir la transmisión, protegerá a las personas más expuestas y limitará la aparición de cepas resistentes».
El ministro de Sanidad, Ashley Dalton, hizo un llamado a la población a participar en el programa para contribuir a frenar una infección «cada vez más difícil de tratar». Por su parte, Richard Angell, director de la organización Terrence Higgins Trust, calificó la iniciativa como «un paso revolucionario» y estimó que podría reducir hasta un 40 % los nuevos casos en el país.
Con esta campaña, el Reino Unido se posiciona a la vanguardia en la prevención de infecciones de transmisión sexual, reforzando su respuesta ante una enfermedad que, aunque no suele ser mortal, puede tener consecuencias graves para la salud pública si no se controla.




