Los tradicionales taxis negros de Londres enfrentan una crisis severa que amenaza su continuidad, debido a la escasez de vehículos nuevos y a las dificultades que sufren los conductores para mantener sus fuentes de trabajo.
El sector del transporte público capitalino atraviesa un momento crítico. Por un lado, la fabricación de unidades nuevas se ha reducido drásticamente y conseguir piezas de repuesto demora meses, dejando a muchos automóviles inmovilizados y sin generar ingresos. Por otro lado, las estrictas normas de transporte exigen retirar obligatoriamente los vehículos más antiguos por motivos ambientales, pero los choferes no encuentran reemplazos disponibles en el mercado.
A esto se suman los elevados costos de compra, seguros y mantenimiento, factores que han provocado una caída constante en el número de unidades operativas en la última década, pasando de más de 22.000 a menos de 15.000 taxis en circulación.
Ante este panorama, asociaciones de conductores y propietarios de flotas exigen respuestas urgentes a las autoridades locales y a los fabricantes. Reclaman medidas de apoyo y soluciones rápidas para evitar la desaparición de un símbolo histórico de la ciudad y proteger el empleo de miles de trabajadores.




