El Reino Unido plantea crear un escudo de defensa aérea y antimisiles llamado Britannia Shield, diseñado para proteger su territorio, sus islas de ultramar y sus bases militares en el extranjero. El proyecto tendría un coste de hasta 10.000 millones de libras y busca responder a las nuevas amenazas militares.
El sistema funcionaría mediante una red de defensa dividida en cuatro capas. La primera utilizaría radares de largo alcance para detectar y seguir posibles ataques. La segunda reuniría la información en un centro de mando, encargado de identificar las amenazas y coordinar la respuesta. La tercera emplearía misiles interceptores para destruir proyectiles en el aire, mientras que la cuarta estaría especializada en localizar, bloquear y derribar drones.
Esta combinación permitiría hacer frente a diferentes tipos de ataques, desde drones de bajo coste que pueden actuar solos o en grupos hasta misiles balísticos y de crucero capaces de alcanzar objetivos a gran distancia. La propuesta busca ofrecer varias oportunidades para detectar y neutralizar las amenazas antes de que lleguen a su destino.
El proyecto toma como referencia la Cúpula de Hierro de Israel, aunque sus impulsores sostienen que Britannia Shield tendría un alcance más amplio y estaría adaptado a las necesidades del Reino Unido, incluidos sus territorios y sus instalaciones militares fuera del país.
En cuanto a los plazos, el objetivo sería disponer de una capacidad de defensa inicial durante el primer mandato del Gobierno y ampliarla progresivamente en los años siguientes. Sin embargo, todavía no se han concretado las fechas de puesta en marcha ni cómo se distribuiría el presupuesto previsto.
Por ahora, Britannia Shield sigue siendo una propuesta de defensa. Su desarrollo dependerá de las decisiones sobre financiación, tecnología y despliegue, antes de que pueda convertirse en un sistema operativo para proteger el espacio aéreo británico.




